El vecino peligroso. El nuevo gobierno estadounidense también intenta imponer sus políticas antifeministas y antitrans en América Latina

Como parte de la derecha global, el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está impulsando una agenda anti-género. Esto también repercute en los países al sur de la frontera estadounidense. Pero aparte de los pocos aliados cercanos de Washington, América Latina sabe cómo defenderse, escribe Laura Carlsen.

La magnitud de los cambios en los Estados Unidos ha dejado al mundo aturdido. Los primeros 100 días de Donald Trump en la presidencia dieron lugar a 142 órdenes ejecutivas, una guerra comercial mundial, caída récord de la bolsa, un dólar en picado, la económia en declive, 121 mil empleados públicos en la lista de despidos de Elon Musk, y numerosas crisis diplomáticas.

Aquí en México, hemos estado en alerta constante para intentar esquivar la próxima bala. Las amenazas arancelarias mensuales han sido la parte más importante, pero también lo han sido otros temas. La presidenta Claudia Sheinbaum ha enviado notas diplomáticas al norte a cada rato, últimamente para pedirle a Trump que no envíe migrantes mexicanos a Guantánamo (!) y para que explique los detalles de su proyecto de base militar en la frontera compartida. También prohibió los anuncios antiinmigrantes de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem por racismo, amenazó con contramedidas arancelarias (que no impuso) y denunció las tácticas intimidatorias de Trump. La realidad muestra más capitulación de lo que la retórica podría implicar, pero incluso el cambio en la retórica es refrescante respecto a los elogios efusivos hacia Trump de Andrés Manuel López Obrador.

Pero el futuro depara tensiones constantes. Y hay un ámbito de la política de Trump al que Sheinbaum aún no ha tenido que enfrentarse, pero ya ha afectado a la vida de millones de personas en el mundo: la política anti-género de la ultraderechista.

Un pilar de la visión de Trump y la ultraderecha internacional es el refuerzo brutal del patriarcado. Un momento clave es la orden ejecutiva del primer día, «Defender a las mujeres del extremismo de la ideología de género y restaurar la verdad biológica en el Gobierno federal», que solo reconoce dos sexos inmutables, condena la “ideología de género” y rechaza la realidad de que el género basado en el sexo es una categoría fluida y construida socialmente, y ordena que se elimine el «género» de todos los procedimientos, documentos y fondos del Gobierno.

Represión contra minorías

Junto con la consiguiente eliminación de los programas de diversidad, equidad e inclusión por parte del Departamento de Eficiencia Gubernamental de Musk, el gobierno federal ahora persigue y despide a cualquiera que utilice los pronombres «they/them» o trabaje en favor de la justicia de género. Se han rescindido las subvenciones nacionales e internacionales que apoyaban a las empresas dirigidas por mujeres y minorías. Los activistas antiabortistas sentenciado por actos violentos contra las clínicas recibieron un indulto presidencial, y sigue la amenaza de una prohibición nacional del aborto.

Al prohibir el reconocimiento de la discriminación patriarcal y los programas que buscan igualar las condiciones, el gobierno estadounidense ha lanzado una campaña para crear el mundo indiscutiblemente dominado por los hombres que tanto anhelan los seguidores de Trump en la «manosfera».

Para América Latina, el segundo momento clave llegó con el discurso de Milei en Davos, cuando pronunció una diatriba contra los liberales, el Estado, la “aberrante idea de la justicia social” y los “derechos positivos”. Milei se lanzó contra las personas homosexuales y trans, y equiparó la “ideología de género”del feminismo con la pedofilia.

Milei no es el único proponente de las políticas antigénero de Trump. El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, antes apoyaba el derecho de las mujeres al aborto, pero dio un giro de 180 grados cuando se dio cuenta de que podía obtener apoyo político y financiero de la extrema derecha internacional si adoptaba una postura dura contra el aborto. Desde la llegada de Trump, y a pesar de una sentencia de la Corte Interamericana que dictamina que la política de aborto de El Salvador viola los derechos humanos, Bukele ha afirmado en repetidas ocasiones que no levantará la prohibición del aborto.

Hasta ahora, los países Latinoamericanos no han tenido que enfrentarse directamente a Trump en materia de género. Como región, recibe relativamente poca ayuda extranjera de la ahora desmantelado USAID y otros programas del gobierno de EU dirigidos a las mujeres o diversidades sexuales, así que su eliminación no tuvo un impacto generalizado.

México ha despenalizado el aborto y la presidenta Sheinbaum hace poco firmó un decreto “Para la equidad sustantiva de las mujeres en la Constitución”, que contrario al decreto de Trump comienza con el reconocimiento de las “desigualdades históricas” entre hombres y mujeres. Colombia ha adoptado una política nacional de equidad de género.

Sin embargo, a medida que se hace evidente la centralidad de las políticas antigénero en el proyecto de extrema derecha de Trump y compañía, nuestros gobiernos y sociedades se están dando cuenta de que tenemos que unirnos para defender los logros históricos de los movimientos feministas y de mujeres. En la reciente reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), se incluyó la “igualdad de género” como una de las prioridades.

Se vislumbra la esperanza en medio de esta embestida del norte. Está logrando unir a distintas fuerzas tras fronteras y entre sectores en defensa de los derechos de las mujeres y la diversidad sexual y contra las oligarquías.

*Laura Carlsen es Directora del centro de relaciones internacionales Mira: Feminismos y Democracias. Es ciudadana mexicana/estadounidense y vive en la Ciudad de México donde trabaja como analista política, comentarista de medios y en el acompañamiento a movimientos sociales.

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