Este texto propone, desde el pensamiento crítico y los feminismos, una lectura que cuestiona el concepto de transición energética, el cual, en el contexto que sobrevivimos todos, funciona simultáneamente como promesa, dispositivo y garrote. Promesa, porque nombra la urgencia de reorganizar energía, alimentos y tecnologías para sostener la vida; dispositivo, porque en la práctica suele operar como una “nueva expresión” de la racionalidad economicista, orientada a “cambios para sostener la acumulación ilimitada del capital”; garrote, porque se convierte en un mecanismo de disciplinamiento geopolítico que condiciona, corrige y/o sanciona a los países que no se alinean con los ritmos, estándares y prioridades definidos por los centros de poder. Bajo un lenguaje “neutral”, la transición impone agendas, restringe márgenes de decisión soberana y reconfigura economías periféricas para servir a intereses estratégicos de unos pocos. Así, la transición deja de ser únicamente un horizonte de transformación y se transforma también en instrumento de control y castigo.
En otras palabras, lo que se discute en este documento es que buena parte de las transiciones contemporáneas (energética, alimentaria y digital) están siendo diseñadas para reconfigurar el capitalismo y no para transformarlo, modernizando la lógica del saqueo, el descarte y la exclusión, ahora bajo estéticas “verdes”, “inteligentes” o “innovadoras”, que operan a través de dispositivos concretos de gobernanza global.
