Le tocó a Carmen pasar noches oscuras en vigilia. Solo así pudo ver nacer el nuevo día. Ella sabe, a conciencia, que la pelea es eterna y cobra sentido en los encuentros, en las pequeñas victorias personales y colectivas. Carga consigo un pasado muy vivo, sobre todo porque pelea por él aún: defiende el derecho a su existencia, que es la suya propia y de la generación que salió a las calles en Chile a revocar la Constitución de la dictadura. Ella supo estar, también, ahí.
