Diana Canales
Rodrigo Palacios
José David Peñaloza
July Puentes
Prólogo de
José Humberto Montes de Oca Luna
/ Secretario del Exterior del Sindicato Mexicano de Electricistas
Los albores de la electricidad en México están marcados por el esfuerzo colectivo y la lucha de la clase obrera. Desde las primeras plantas y redes eléctricas, los trabajadores fueron los artífices fundamentales de un país que se iluminaba y transformaba aceleradamente. Con la hidroeléctrica de Necaxa en 1905, se encendió no sólo la iluminación de las ciudades, sino también la conciencia colectiva de quienes, entre tendidos eléctricos y transformadores, descubrieron el poder de la organización.
El Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), fundado el 14 de diciembre de 1914, emergió como respuesta colectiva frente a la explotación de empresas extranjeras y como defensor de la soberanía energética. Desde su primer convenio colectivo en 1916, impulsó conquistas históricas: salarios justos, jornadas dignas, condiciones seguras y una defensa inquebrantable de la electricidad como derecho y bien común.
Protagonista de la nacionalización eléctrica del 27 de septiembre de 1960, el SME resistió, décadas después, los embates privatizadores del modelo neoliberal. La extinción de Luz y Fuerza del Centro (11 de octubre de 2009) significó un ataque directo al trabajo y la soberanía, afectando a decenas de miles de familias electricistas y usuarios del servicio público de electricidad. Pero el golpe no quebró el
espíritu de lucha del SME. Tras años de resistencia por sobrevivir, fue creada en 2015 la Cooperativa LF del Centro, testimonio de esta capacidad de reinvención y compromiso con el país. “NOS VIERON NACER, NUNCA NOS VERÁN MORIR”, gritamos en las calles.
