Siendo México el segundo país con mayor diversidad biocultural en el planeta, resultado de un milenario esfuerzo co-evolutivo entre humanos y no humanos, la ampliación de dicha mega-diversidad se centró en la domesticación y diversificación permanente del maíz y de la milpa como ordenadores de la vida agraria de sus pueblos, a todo lo largo y ancho de su territorio, del esculpido de sus paisajes y de la prolongada y densa construcción de mundos, en donde dicha gramínea ha sido la ordenadora de las relaciones entre todos los existentes, desde el Preclásico hasta nuestros días. La trilogía tierra-maíz-agua ha sustentado, desde hace miles de años, las pluriversas maneras de comprensión del mundo y de sus interactuantes, incluyendo a las mujeres y hombres del maíz. De allí su rica expresión simbólica y material que se anida en cada una de sus culturas, idiomas, formas de producción y culinarias. Dicha urdimbre da cuenta de las inextricables relaciones entre humanos y no humanos centrada en el continuo mejoramiento y expansión de su “santa” semilla, tejida mediante narrativas y trabajo ritual como expresiones simbólicas que han perpetuado, en la Larga Duración, su materialidad en el cultivo y en el platillo. De esta manera queda nítidamente clara la expresión “sin maíz no hay raíz”. Y de ello da cuenta este libro.
